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Porqué Hago lo que Hago

"De lo que siempre se trata es de liberar la vida allí donde está cautiva

o de intentarlo en un incierto combate"

Gilles Deleuze

Represento la complejidad y diversidad de la vida constituida por aquellas formas de la existencia que podemos conocer con nuestros sentidos, las que descubre la ciencia o las que se perciben únicamente a través del alma.

Mis obras refieren a dos conceptos que se mantienen vigentes desde el comienzo de mi camino artístico; propongo reflexionar sobre la interdependencia, interconexión entre todos los elementos y fenómenos; y la impermanencia, naturaleza efímera y cambiante de todo lo que existe.

Con un gesto minucioso, repetitivo y serial, creo figuras orgánicas, geométricas y manchas de diferentes texturas; en capas superpuestas pero visibles, que dialogan entre sí y construyen espacios, realidades, mundos y universos.

Pasé del dibujo y la pintura tradicional, a indagar en grabado, objetos, esculturas, libros intervenidos e instalaciones, utilizando materialidades y soportes variados: tintas, fibras, esmaltes, acrílicos, vidrios, madera, metales, telas y papeles. Experimentando, procuro correrme de aquello que conozco y domino, con la intención de sentirme motivado para seguir creando.

 

Gustavo Sampayo, agosto 2025

 

Cartografías del Tiempo y el Espacio

​¿Pintura o escultura? ¿Dibujo o mancha? ¿Caos u orden? ¿Espacio o tiempo? ¿Racional o sensible? ¿Cuerpo o mirada?

En las obras de Gustavo Sampayo estas oposiciones no tienen lugar. Más bien parecen ser los espacios fecundos para que ellas se constituyan. Como un lenguaje generativo que descubre, en la medida que se produce, esas zonas intermedias que anidamos o, nos anidan. Entonces, ellas son, actúan, ¿cómo realidades o como construcciones?

Es que, a través de un gesto, minucioso, repetitivo, serial; pero también ampuloso, desmedido, incierto; Gustavo cartografía el mundo, el espacio, el tiempo: y así anula otras dicotomías como la del pasado y el presente; el aquí y el allá.

Desde la mancha y la grafía; el plano, pero el espacio; el azar, pero la estructura: un (el) universo va encontrando su lugar, o más bien, parece ser escrito una vez más, a través de las formas, los colores, las texturas. Una contingencia reglada, que el artista rememora inventando las formas que surgen inevitables.

Ellas parecen invadirlo todo, salir del plano, hacerse cuerpo; transitar los colores, y claro, el blanco y el negro; ser reflejo, geometría, estallido, pintura, tela, maleabilidad y dureza, repetición, diferencia: y así, engullendo las alternativas, muestran convertirse en el inventario perdido y actualizado de nuestras experiencias. La del mundo, y las propias. Escritura que se reescribe e inventa, que fluye, se detiene y continua: que se ve, se mira, se toca, se siente, se recuerda, pero también, incluso, se escucha…

Es interesante situar como Gustavo, de pronto, necesita domar sus formas, sus texturas: sintiéndose quizá él también invadido por ellas. Entonces las circunscribe a objetos domésticos: tapiza con ellas una silla, decora una camisa; o superpone una nueva grilla sobre esa mancha que, pequeña o grande, grita informe desde el plano o el espacio.  Incluso, como él dice, “deconstruye”: recupera los deshechos que caen de sus tramas, pero, sin embargo, sin poder abandonar su pulsión constructiva: vuelve a aunar, de otro modo, o sea a pegar y componer un nuevo espacio, que en realidad (ya vimos) moraba en el anterior.

O cuando las manchas vivientes del plano salen de él para convertirse, a través de su gesto que las congela, en formas en el espacio. Un recurso más con el que ordenar, dominar, inmovilizar lo eventual. O también, cuando necesita circunscribir el lugar y entonces atrapa erráticas figuras entre los pliegues de una tela.

Imposible sustraerse: este código habita el espacio, y entonces parece generarlo. Se mete por los ojos y el cuerpo: y estalla en tramas y formas que parecen infinitas, que nos murmuran, fuerte, o despacio (ya a esta altura sabemos: no hay dicotomías) las escrituras con que el artista construye, una vez más, el mundo y su realidad, real. Y nos envuelve, hipnótico, atravesando dimensiones: repetidas, conocidas, íntimas, pero también abismales, lejanas, ajenas. Así, las obras de Gustavo nos interpelan, haciéndonos perder por momentos certezas cotidianas.

Debora Mauas.-Junio 2025​

 

Criaturas Fantásticas

​​A veces sucede que ante el trabajo de un artista, ejerciendo una mirada que abarque el recorrido de toda su obra, pareciera ser que hay temas, intereses, búsquedas que se mantienen vigentes, constantes en medio del indefectible cambio. Y esto es casi sistemático: aparece esa pulsión, esa motivación inicial como una suerte de primer motor inmóvil que late detrás de cada serie aunque se presente como una nueva etapa creativa.

Las obras de Gustavo Sampayo se desarrollan reflexionando en torno a la vida misma y sus múltiples formas de manifestarse. Desde aquello que podemos percibir sensiblemente, lo que podemos inferir o imaginar, lo que se manifiesta en un plano inaccesible para la razón o el entendimiento, el artista construye un universo de criaturas fantásticas, un discurso poblado de seres irreales que responden a una biología desconocida y aún así, por su factura, textura, colores, pregnancia de las formas de los cuerpos entrelazados con destellos de geometrías imperfectas, le resultan amigables al espectador. O al menos no se perciben amenazantes. Empezando por el dibujo y la pintura, pasando por el grabado, los objetos, libros intervenidos y las más incipientes instalaciones, el artista se sumerge en la experimentación con materialidades y soportes variados: tintas, fibras, esmaltes, acrílicos, vidrios, madera, metales, papeles. Es ese el recorrido que paso a paso va dibujando, el cual lo lleva desde la pintura tradicional hasta indagar en el campo de los ready mades.

​“Represento una realidad que aparece a simple vista como diversa, dinámica, y caótica en formas y colores; como si estuviera contenida, condicionada, organizada, estructurada, reglada por una matriz, un código del que nada se escapa”, dice el artista. Y creo que es una mirada bastante acertada la que él mismo ejerce sobre su trabajo porque además, reconoce un lugar que responde a un orden del cual no puede dar cuenta necesariamente en el relato y que complementa la estructuración de ese mundo de organismos que se desplazan muchas veces de manera aleatoria, irreverente, en sus papeles y telas.

​Focalizando en sus trabajos más actuales, lo que llama la atención es cómo el artista pasa de la planimetría casi absoluta gobernada por el color pleno, puro, sin matices, sin relación alguna de profundidad entre figura fondo y un marcado horror vacui que lo cubre todo, a una trama que empieza a incorporar un cierto auspicio de ritmo sincronizado, con espacios que habilitan el aire que descomprime la superposición de elementos, donde las figuras se recortan de los fondos los cuales también pierden presencia, dejan de competir con el primer plano, se tornan más neutros para dejar brillar la figura que se suspende en paisajes desconocidos. Esa neutralidad que asume el fondo como una suerte de telón es gracias a la incorporación del vacío y ciertos lugares silenciosos desde donde se genera una sinergia entre ambas instancias compositivas, potenciando sus fuerzas y no compitiendo en una lucha por imponerse.

Gustavo Sampayo corre detrás de un código que no busca desentrañar para comprenderlo sino ver de qué manera lo adapta o logra tomar provecho de él para enriquecer su obra. Es interesante notar cómo ese mundo poblado de seres sin nombre, formas reconocibles pero imposibles de encasillar, resisten y se adaptan a las nuevas propuestas que les propone el artista cuando las deja flotar en la incertidumbre espaciotemporal, cuando las multiplica por cientos en diminutos compartimentos estancos, cuando las pliega y las convierte en objetos que plantean diálogos entre materialidades sólidas y contundentes y otras más frágiles. Pero también notar cómo Gustavo logra apartar la mirada de ese microcosmos y por momentos indagar en los territorios de la figuración humana, la cual aparece de manera contundente apelando a la fotografía como base para el dibujo que luego dará pie a la pintura en formato grande; una vez más, el intento de fuga de un espacio de confort, probando transitar escenarios desafiantes. Asimismo, la geometría, esa matriz invisiblee, se empieza a hacer más evidente dando pie a que aparezca la perspectiva y con ella, la profundidad de campo.

Su obra crece porque crecen sus intereses, porque reflexiona y porque trabaja obsesivamente. Entonces es solamente una cuestión de tiempo hasta dar con un nuevo camino, una nueva ruta inspiradora que lleve al artista a someter a ese código a nuevas interpretaciones.

​Lic. María Carolina Baulo, Octubre 2021

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